Pocas pinturas han sido tan miradas, estudiadas y reproducidas como La ronda de noche. Rembrandt la terminó en 1642 y, casi cuatro siglos después, todavía guarda secretos. Muchos de ellos no estaban a la vista: salieron a la luz gracias a la Operación Ronda de Noche, el proyecto de investigación y restauración que el Rijksmuseum de Ámsterdam inició en 2019 con un equipo de más de veinte científicos, restauradores, conservadores y fotógrafos.
Estos son seis de esos secretos. Algunos cambian lo que creíamos saber de la obra y otros, incluso, de su propio nombre.

Un cuadro al que le cortaron un pedazo
Lo primero que hay que saber es que la pintura que se exhibe hoy no es exactamente la que Rembrandt entregó. En 1715 fue trasladada desde la sede de la compañía de arcabuceros al Ayuntamiento de Ámsterdam, el edificio que hoy es el Palacio Real de la plaza Dam. El lienzo era demasiado grande para el lugar previsto, entre dos columnas, y en lugar de buscar otro sitio se decidió recortarlo.
Se cortaron franjas en los cuatro lados, y la más grande fue la del costado izquierdo. Con ella desaparecieron dos hombres y un niño, además de la parte superior del arco, la balaustrada y el borde de un escalón. Esos fragmentos nunca han sido encontrados. La pérdida no solo eliminó figuras: también alteró el equilibrio y la sensación de avance de una escena pensada para transmitir movimiento.
Sabemos qué había allí gracias a una copia mucho más pequeña, atribuida a Gerrit Lundens, realizada entre 1642 y 1655 por encargo del propio capitán Frans Banninck Cocq. Hoy se conserva en la National Gallery de Londres. Mide apenas medio metro cuadrado frente a los casi dieciséis del original, pero funciona como un documento histórico: registra lo que se perdió.
En 2021, el Rijksmuseum utilizó esa copia para reconstruir los bordes faltantes con redes neuronales entrenadas en la técnica y el color de Rembrandt. El resultado se montó alrededor del original y permitió ver, por primera vez en trescientos años, la composición completa. Sin embargo, es una reconstrucción y no una recuperación: los fragmentos auténticos siguen sin aparecer.

El boceto que Rembrandt cubrió
Debajo de la pintura visible hay otra imagen. Mediante fluorescencia de rayos X de macroescaneo (MA-XRF), los investigadores lograron detectar un boceto preparatorio que Rembrandt trazó directamente sobre el lienzo antes de construir la escena definitiva. No se trata de un dibujo limpio ni de un plan cerrado, sino de un esbozo rápido hecho con pintura clara, en el que se ve al artista decidiendo dónde colocar formas, posiciones y movimientos.
Ese boceto muestra además que Rembrandt cambió de idea. Uno de los ajustes más curiosos afecta a un personaje que casi nadie mira: el perro.

El perro que vino de otro dibujo
En la esquina inferior derecha del cuadro, cerca del tambor Jacob Jorisz y detrás del teniente Willem van Ruytenburch, hay un perro que ladra. Durante mucho tiempo se lo consideró un detalle secundario, probablemente estudiado del natural. En 2025 el Rijksmuseum anunció que Rembrandt se basó en un dibujo de otro artista.
El descubrimiento fue casi accidental. Anne Lenders, curadora de pintura holandesa del siglo XVII, visitaba una exposición sobre Adriaen van de Venne en el Zeeuws Museum, en Middelburg, cuando vio un perro y pensó de inmediato en La ronda de noche. Lo reconoció por el giro de la cabeza. El dibujo, realizado en 1619, era un diseño para la portada grabada de Self-stryt, un libro del poeta Jacob Cats, y pertenece desde hace más de un siglo a la colección del propio Rijksmuseum.
Las coincidencias son notables: la cabeza girada hacia arriba en la misma dirección, la boca ligeramente abierta, la línea oscura que marca el ojo, el gorro del cráneo dividido en dos partes y el collar. También hay diferencias. El perro de Van de Venne está echado con el pecho contra el suelo, mientras que el de Rembrandt está de pie sobre sus cuatro patas. Y aquí vuelve el boceto oculto: en esa primera versión, el perro tenía la pata delantera más doblada y el pecho más cerca del suelo, es decir, era todavía más parecido al dibujo original.
No existe ningún registro de que Rembrandt poseyera ese dibujo. Lo más probable es que conociera la imagen a través del grabado impreso en el libro, algo perfectamente coherente con su forma de trabajar: tomar modelos existentes, estudiarlos y transformarlos.

La niña que nadie logra explicar
En el centro de la composición, entre los hombres armados, hay una figura pequeña y luminosa: una niña vestida con tonos dorados que lleva un pollo muerto colgado de la cintura. Su presencia sigue siendo uno de los grandes enigmas de la obra, y nadie ha podido demostrar quién es ni qué representa con exactitud.
Lo que sí se sabe es que el pollo, con sus garras bien visibles, se interpreta como una alusión al emblema de la compañía de arcabuceros (los clauweniers). También lleva un cuerno para beber, un objeto asociado a los banquetes del grupo. Más allá del simbolismo, cumple una función visual: Rembrandt organizó la escena con fuertes contrastes de luz y sombra, y la niña es uno de los puntos que atrae la mirada, junto con el capitán, vestido de negro con una banda roja, y el teniente, de amarillo, cuyo traje recibe incluso la sombra de la mano del capitán.

El hombre de la nariz roja
Entre los milicianos destaca uno vestido de rojo. Se llamaba Jan van der Heede, era un comerciante de Ámsterdam y participaba como mosquetero en la compañía. Su rostro tiene una nariz enrojecida y manchada que ha dado pie a todo tipo de especulaciones: ¿estaba enfermo, quemado por el sol o simplemente había bebido de más?
La investigación del Rijksmuseum apunta en otra dirección: el aspecto actual de esa zona ha sido modificado por antiguos retoques y limpiezas. Es decir, lo que vemos hoy no es necesariamente lo que Rembrandt pintó. Los restauradores están utilizando nuevas técnicas para recuperar su apariencia original. Y hay otro detalle: según el museo, la elección de un traje tan llamativo también dice algo sobre la situación personal del retratado.

La noche que nunca existió
El último secreto está en el propio título. Rembrandt no llamó a su obra La ronda de noche. El nombre original era Compañía militar del distrito II bajo el mando del capitán Frans Banninck Cocq, y el apodo con el que la conocemos hoy comenzó a usarse hacia finales del siglo XVIII.
La confusión tiene una explicación. Durante siglos la pintura estuvo cubierta por capas de barniz oscurecido y suciedad que daban la impresión de una escena nocturna. Cuando ese barniz fue retirado en la década de 1940, apareció otra luz: la de un día soleado, con colores mucho más claros de lo que se creía. La escena nunca ocurría de noche. El nombre había sido un error causado por el tiempo, pero ya era demasiado tarde para cambiarlo.
Un fragmento perdido, un boceto oculto, un perro tomado de otro dibujo, una niña sin explicación, un rostro modificado por los restauradores y un título equivocado. Todo eso cabe en una sola pintura que parece haberlo dicho todo. Casi cuatro siglos después de que Rembrandt la terminara, La ronda de noche sigue demostrando que incluso las obras más famosas pueden esconder historias que aún no hemos aprendido a ver.

LA OBRA
La ronda de noche (De Nachtwacht)
Autor Rembrandt
Año 1642
Técnica Óleo sobre lienzo
Estilo Barroco
Tamaño 363 cm × 437 cm
Localización Rijksmuseum, Ámsterdam, Países Bajos
